El conflicto en Irán impulsa la transición energética
El bloqueo en el estrecho de Ormuz eleva el crudo a 100 dólares. Los países aceleran el uso de energía nuclear y renovables para asegurar su suministro.
El impacto energético derivado de la guerra en Irán ha impulsado a los responsables políticos de todo el mundo a replantearse estrategias para reducir la dependencia a largo plazo de las importaciones de petróleo y gas. El cierre del Estrecho de Ormuz, tras los ataques ejecutados por Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero, representa la tercera crisis energética internacional de esta década que obliga a los gobiernos a enfrentar los riesgos de una economía global impulsada por el flujo constante de petróleo. > La cuestión de la seguridad energética nunca ha sido tan aguda como ahora. Geoffrey Pyatt, ex subsecretario de Estado de Recursos Energéticos y actual director general de McLarty Associates, señaló que los mercados ya no podrán dar por sentados los recursos del Golfo. Ante este escenario, las naciones consumidoras más grandes del mundo están revisando sus planes: Europa presentó recientemente nuevas garantías financieras para la energía atómica, mientras que China acelera su transición hacia renovables y expande sus reservas de emergencia. Actualmente, el 20% del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado (GNL) está bloqueado, lo que la Agencia Internacional de Energía ha calificado como la peor interrupción de suministros en la historia, elevando los precios del crudo por encima de los 100 dólares por barril. Asia es la región más afectada debido a su alta dependencia de las importaciones de Oriente Medio. Los recortes en los envíos han obligado a refinerías en Singapur y Malasia a reducir su producción. En Taiwán, el ministro de Economía, Kung Ming-hsin, mencionó la posibilidad de reactivar su última central nuclear tras las críticas por el abandono de esta fuente de energía. Aproximadamente un tercio del suministro de GNL de la isla proviene de Catar, cuya producción se ha visto mermada por los combates. Por su parte, Japón ha intensificado las discusiones para reiniciar reactores inactivos desde el desastre de Fukushima en 2011. En el gigante asiático, la empresa Sinopec Oilfield Service Corporation ha reducido el procesamiento en sus refinerías en un 10%, y Pekín ha prohibido las exportaciones de combustible para evitar la escasez interna. Funcionarios en Bangladés y Pakistán también han expresado planes para diversificar sus fuentes de importación y recurrir al mercado al contado de GNL. Mientras tanto, en la Unión Europea, el aumento de los costes energéticos ha presionado al alza los precios de la electricidad, afectando especialmente a naciones como Alemania. > Reducir la cuota de la energía nuclear en el mix energético de Europa durante los últimos 25 años fue un error estratégico. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, defendió un nuevo programa de garantías para inversiones en tecnologías nucleares innovadoras para proteger a los ciudadanos y empresas. En el continente americano, el gobierno de Donald Trump ha suavizado las sanciones contra Rusia para permitir que otros países compren más crudo ruso, en un intento por controlar los precios globales antes de las elecciones de mitad de período, a pesar del conflicto en Ucrania. Finalmente, analistas sugieren que la crisis en Irán podría forzar una reevaluación de las sanciones sobre el GNL ruso, aunque el despliegue de energías verdes en Europa conlleva el riesgo de crear una nueva dependencia tecnológica de China.











