Japón reforma sus reglas para exportar armas al mundo
El gobierno de Sanae Takaichi autoriza la venta de buques y misiles al exterior. La medida busca potenciar la industria nacional ante la demanda de aliados.
Japón ha revelado su mayor reforma de las normas de exportación de defensa en décadas, eliminando las restricciones a las ventas de armas al extranjero y abriendo el camino para la exportación de buques de guerra, misiles y otro armamento pesado. Esta medida, orientada a fortalecer la base industrial de defensa del país, marca un nuevo paso en el alejamiento de las restricciones pacifistas que han moldeado su política de seguridad tras la Segunda Guerra Mundial. Los conflictos en Ucrania y Oriente Medio están tensionando la producción de armas de Estados Unidos, lo que genera nuevas oportunidades para la industria japonesa. Al mismo tiempo, los aliados de Washington en Europa y Asia buscan diversificar sus proveedores ante la creciente incertidumbre sobre los compromisos de seguridad estadounidenses a largo plazo. Según fuentes diplomáticas, países que van desde Polonia hasta Filipinas están explorando posibilidades de adquisición para modernizar sus fuerzas armadas. Se estima que uno de los primeros acuerdos podría consistir en la exportación de buques de guerra usados a Manila. Los cambios aprobados por el gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi eliminan cinco categorías de exportación que limitaban la mayoría de las ventas militares a equipos de rescate, transporte, alerta, vigilancia y remoción de minas. A partir de ahora, los ministros y funcionarios evaluarán los méritos de cada venta propuesta de forma individual. El gobierno mantendrá tres principios de exportación que obligan a un control estricto, supervisión de las transferencias a terceros países y la prohibición de ventas a naciones involucradas en conflictos. Sin embargo, en una presentación sobre estos cambios, las autoridades indicaron que podrían hacerse excepciones cuando se considere necesario para la seguridad nacional. Mediante estas exportaciones, el país nipón espera fortalecer su base industrial al aumentar los volúmenes de producción, reducir los costos unitarios y añadir una capacidad de fabricación a la que podría recurrir en caso de una crisis militar. Contratistas como MITSUBISHI HEAVY INDUSTRIES pueden construir sistemas avanzados como submarinos, aviones de combate y misiles, aunque durante décadas han dependido exclusivamente de los pedidos limitados de las Fuerzas de Autodefensa locales. En paralelo, el país avanza con esfuerzos sin precedentes para reforzar su propio ejército, adquiriendo misiles, aviones furtivos y drones que considera necesarios para disuadir cualquier amenaza de la vecina China contra su territorio, incluyendo las islas situadas en el borde del Mar de China Oriental, cerca de Taiwán. Por su parte, Pekín ha declarado que sus intenciones en la región son pacíficas. Finalmente, Tokio está desarrollando un avión de combate de próxima generación en colaboración con el Reino Unido e Italia para su despliegue a mediados de la década de 2030, como parte de una estrategia para compartir costos de desarrollo y acceder a nuevas tecnologías. El gasto en defensa ha subido gradualmente hasta el 2% del PIB, y se espera que el gobierno anuncie nuevos incrementos este año con la publicación de una nueva estrategia de seguridad.







